Delmira, el cisne rojo

"Mi primer contacto con Delmira fue cuando yo tenía apenas ocho años, estaba en cuarto año de escuela y en el libro de lectura aparecía el poema "La sed"; que la maestra - con infinita paciencia- nos hacía memorizar. Desde entonces surgió una particular e inexplicable fascinación por aquella maga que con sus dedos etéreos extraía los más deliciosos jugos para calmar mi sed ...Es a esa mujer esencial, a quien con mi mayor humildad, ofrendo este libro".

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